
Saber perder una familia cuando te has involucrado hasta la médula no es nada fácil.
Hace ya unos añitos me separé de un hombre, el padre de mis hijos. Fueron 18 años juntos, muchas cosas vividas, muchos recuerdos. Nos costó 6 años llegar al punto definitivo de la separación, antes lo intentamos todo buscando una solución inexistente. Primero sufrí al ver que no teníamos remedio, porque tanto él como yo somos culpables, tanto él como yo somos inocentes, el veredicto fue: THE END. Después sufrí al destrozar la unidad familiar para mis hijos, algo que sin elegir habían conseguido. Y al final sufrí por perder una familia, que con los años había hecho mía, cuñados, sobrinas… Es verdad, que los que hemos querido seguimos estando ahora en calidad de “amigos”, pero aún así, me he perdido muchas cosas. He visto a las niñas crecer de tanto en tanto.
El viernes pasado comí con mis cuñados, Jose y Susana, también con mi sobrina, la más mayor, ahora tiene 25. Me sentí muy feliz de ver que aquella niñita de ojos despiertos, ahora es una mujer feliz.
Aunque mi vida sea distinta, tienen un rinconcito en mi corazón.
Con los años, he vuelto a decidir vivir con un hombre. Con la misma ilusión de la primera vez, con más seguridad que ayer. Asumo que quiere decir perder, pero apuesto por ganar en esta relación. Aunque, mi familia es las cuatro personas que viven conmigo y me reservo el adquirir su familia a la mía. Seis sobrinos tiene, entre 2 y 14 años, toda una vida por conocer, toda una vida por perder. Aunque aún resistiendo, ya han ganado un rinconcito en mi corazón, un rinconcito eterno.
Disfrutar de los momentos compartidos con una familia también es, saber ganar!
Hace ya unos añitos me separé de un hombre, el padre de mis hijos. Fueron 18 años juntos, muchas cosas vividas, muchos recuerdos. Nos costó 6 años llegar al punto definitivo de la separación, antes lo intentamos todo buscando una solución inexistente. Primero sufrí al ver que no teníamos remedio, porque tanto él como yo somos culpables, tanto él como yo somos inocentes, el veredicto fue: THE END. Después sufrí al destrozar la unidad familiar para mis hijos, algo que sin elegir habían conseguido. Y al final sufrí por perder una familia, que con los años había hecho mía, cuñados, sobrinas… Es verdad, que los que hemos querido seguimos estando ahora en calidad de “amigos”, pero aún así, me he perdido muchas cosas. He visto a las niñas crecer de tanto en tanto.
El viernes pasado comí con mis cuñados, Jose y Susana, también con mi sobrina, la más mayor, ahora tiene 25. Me sentí muy feliz de ver que aquella niñita de ojos despiertos, ahora es una mujer feliz.
Aunque mi vida sea distinta, tienen un rinconcito en mi corazón.
Con los años, he vuelto a decidir vivir con un hombre. Con la misma ilusión de la primera vez, con más seguridad que ayer. Asumo que quiere decir perder, pero apuesto por ganar en esta relación. Aunque, mi familia es las cuatro personas que viven conmigo y me reservo el adquirir su familia a la mía. Seis sobrinos tiene, entre 2 y 14 años, toda una vida por conocer, toda una vida por perder. Aunque aún resistiendo, ya han ganado un rinconcito en mi corazón, un rinconcito eterno.
Disfrutar de los momentos compartidos con una familia también es, saber ganar!
1 comentario:
Es inevitable, la buena gente que encuentras en el camino viven contigo el resto de tu vida, y apena de veras que, por razones ajenas a ellos dejes de verlos un día, o no, de verlos no, de vivirlos.
Y de los niños que decir, son buenos por inocentes, no hay maldad en ellos (bueno, ejem... solo conozco a uno...) por lo tanto se meten en un hueco del corazón y ahí se quedan.
Creo que ni la distancia ni la baja frecuencia de los encuentros pueden sacarlos de dentro.
A veces la vida nos quita vivencias, pero si quieres te compensa con otras. Yo estoy contento con lo que me acerca el destino. De hecho, mucho más contento con lo que se acerca que con lo que queda lejos.
Es un placer leerte.
Publicar un comentario