Si es Néstor, mi hijo. Es el mismo que hace un tiempo me hizo perder la esperanza, el mismo que con su comportamiento me hizo sentir culpa, impotencia y rabia. Me desesperó, me hizo llorar, pero no consiguió que le abandonara. El, a pesar de la dureza y la crueldad que manifestó contra mí, contra el mundo y sin ser consciente de lo que hacía me enseñó una vez más, que la fe mueve montañas y que el amor todo lo puede.Hoy pasada la ebullición primera de la adolescencia, vuelve a ser aquel niño que tuve en mis brazos, vuelve a emocionarme. Porque no decir también, sin vergüenza que me siento orgullosa.
Aún nos queda mucho camino por recorrer, toda una vida! Seguro, que encontramos problemas y algún que otro mal momento. Seguro que nos enfadaremos y tendremos diferentes visiones sobre las cosas. Seguro y normal, nos separan unos años y unas experiencias. Pero aún así, seguro que sobreviviremos las diferencias y nos enriqueceremos de ellas.
Si, se aprende mucho al ser madre. Se sufre y se disfruta, a ratos!
Pero hoy, mi hijo mayor es un chaval sano, enérgico, inquieto y sensible. Sencillamente una buena persona, de esas a las que admiro.
Y yo, lo único que puedo decir es, que quién siembra recoge, y que en la vida hay que ser valiente y luchar, porque creo que no existen las causas perdidas. Las pérdidas son fruto de la inconstancia, la indecisión y las pocas ganas de luchar.
Quizás esté equivocada, no lo creo!
Mi hijo será un hombre bueno y rico de corazón.
Tenemos también que conocer el lado oscuro, para poder saber que es mejor caminar por la luz.