
Una vez me encontré un pez de colores volando entre el sol y la luna. Yo tenía un globo rojo con una cestita blanca que me llevó hasta allí. Después de frotarme bien los ojos pensando que no era real aquello que veía, y volver a ver sus aletas deslizarse suavemente por el viento pregunté:
- hola pez! que haces fuera del agua?
Me miró perplejo, con los ojos muy abiertos y... contestó:
- lo mismo que tú, que tampoco tienes los pies en el suelo!
Primero pensé que no era muy simpático, después pensé que era mucho más listo que yo. Él no me preguntó, sabía que hacia yo. Es más, me hizo pensar en que hacia yo allá arriba. Un minuto, no dos, bueno tres... y entonces dibuje una sonrisa en los ojos.
El pez me miró y comentó:
- Acaso es importante el color, la forma, o incluso el olor para poder tener sueños?
Yo le respondí:
- Creo que quién reconoce soñar, no se sorprende de los sueños de los demás!
1 comentario:
Claro, es lo que pasa, una vez se toman setas y la la has liado, a veces uno se queda mucho tiempo ahí, entre las nubes, con peces de colores... algo es algo, otros se quedan en el espacio exterior más solos que la una.
Ahora sin bromas, tiene razón, el que vive no se asombra.
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