
Te levantas una mañana cualquiera y tu vida ha cambiado, sales a la calle, como el día anterior con la cara lavada, la ropa limpia y una sonrisa matutina, pero los minutos sin piedad te cambian esa expresión por dolor. De repente, entras en una reunión cordial (se supone) y estas siendo juzgado por un error del que ni siquiera te acuerdas. Tu no te acuerdas, pero ahí están esas almas vestidas con toga que con máxima crueldad, no solo se acuerdan de tu error sino que además recargan en tu espalda los errores que han cometido los demás. Y el veredicto, claro, sin apenas escucharte es:
CULPABLE
En el más infinito desamparo me pregunto: cual ha sido mi error? cuando me equivoque? y pido entre sollozos de cansancio y desesperación: que me corten la cabeza, que me corten la cabeza por favor... Esto ya no es pena, es tortura y estoy cansada. He perdido en 16 años toda la fuerza, tras este largo tiempo ya no puedo luchar. Por favor, ya que no hay amparo ni conmigo ni con mi error, que me corten la cabeza!
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