
Es curioso como se establecen lazos con personas y lugares, que antes del día H no significaban nada. Las personas nacen en tu vida y los lugares se transforman en espacios conocidos, ambas cosas se adhieren a tu piel y ya para siempre, sin haberlo pedido forman parte de ti. Aunque en algún momento se rompa el encanto, son parte de tu experiencia y eso ya es para siempre. Me resulta curioso.
Cuando amanece el amor en el corazón, se abren muchas puertas sin querer. Se carga en la mochila de la vida otras maneras de hacer, de decir. Se tiene el corazón tan abierto que los filtros sirven de poco. Se llena el alma de júbilo, también de líos. Se amplia el conocimiento y el sentimiento, eso conlleva riesgos.
Amar, implica renuncia, implica tolerancia, incluso en ocasiones silencios. Dejas de ser tu mismo para compartir espacios que quizás antes ni has imaginado. Amar, implica sumar sentimientos y emociones, no solo con el ser amado sino con todo su entorno. Puede parecer maravilloso, lo es, pero también tiene su riesgo. Puedes perder algún lugar que antes significaba mucho para ti, a alguien cuyo nombre y apellido ocupaban parte de tu espacio. Aún así amamos, asumimos el riesgo.
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