martes, 2 de diciembre de 2008

El sentido equivoco de la propiedad con los hijos.



Muchos de nosostros un día, decidimos tener un hijo y a partir de ese momento sin quizás planteárnoslo nos sentimos dueños de él. Olvidamos que nosotros tambien somos hijos, que nos sentimos dueños de nosotros mismos y en ningún caso propiedad de nadie.
Esa propiedad más nuestra que ninguna otra en el mundo, creemos nos da derecho a decidir en su vida. Una vida que es totalmente independiente y única, con cabeza y corazón.


A veces decidimos pensando en ellos, otras decidimos pensando unica y exclusivamente en nosotros, no está mal. El error es quizás, no asumir que nos equivocamos y que quizás algún dia esa propiedad, repito con cabeza y corazón, se vuelva en contra nuestra, y nos diga cosas que incluso puedan hacernos daño.


Un hijo, una maravillosa y única experiencia que desde el primer dia nos roba el corazón y consiguen algo de nosotros que antes no habíamos conocido: amor incondicional. Por ellos daríamos la vida, la salud…, a partir de ser padres el mundo cambia de perspectiva y se modifica nuestra escala de valores. Ellos nos mueven, y eso por contra, no nos da ningún derecho a manipularles y/o dirigirles. Nos da derecho a tomar decisiones mientras són pequeños, nos da derecho a educarles, en ningún caso a utilizarles para satisfacer nuestro ego.


El caso es que creo, que a veces se mezcla el sentido de protección con nuestro miedos y a su vez con un derecho que hemos adquirido con ellos y sin querer, hacemos daño a ese ser que es la máxima de amor en nuestras vidas. Es muy difícil ser padre, pero es más difícil dejar crecer y respetar a esas personas que quizás son diferentes anuestros sueños.


VIVE Y DEJA VIVIR!

Espero no curzar nunca esa línea y permitir que mis hijos se conviertan en personas libres!

1 comentario:

Martín Romaña dijo...

El tema se las trae, como siempre la libertad de uno acaba donde empieza la del otro, en el caso de los hijos además está la responsabilidad, hasta que punto hay que dejar que se equivoquen...

En fin va una letra que viene al pelo, que se que aquí gusta cantar...

ESOS LOCOS BAJITOS

A menudo los hijos se nos parecen,
así nos dan la primera satisfacción;
esos que se menean con nuestros gestos,
echando mano a cuanto hay a su alrededor.
Esos locos bajitos que se incorporan
con los ojos abiertos de par en par,
sin respeto al horario ni a las costumbres
y a los que, por su bien, hay que domesticar.
Niño, deja ya de joder con la pelota.
Niño, que eso no se dice,
que eso no se hace,
que eso no se toca.
Cargan con nuestros dioses y nuestro idioma,
nuestros rencores y nuestro porvenir.
Por eso nos parece que son de goma
y que les bastan nuestros cuentos para dormir.
Nos empeñamos en dirigir sus vidas
sin saber el oficio y sin vocación.
Les vamos trasmitiendo nuestras frustraciones
con la leche templada y en cada canción.
Niño, deja ya de joder con la pelota...
Nada ni nadie puede impedir que sufran,
que las agujas avancen en el reloj,
que decidan por ellos, que se equivoquen,
que crezcan y que un día nos digan adiós.

Apa siau.